Pero sobrevivió. Porque la esencia que lo fundó, el compañerismo, el aprendizaje sin jerarquías, la generosidad de dar y recibir conocimiento, era más fuerte que cualquier crisis.
Nuevos músicos llegaron, otros crecieron dentro de la banda y hoy están en conservatorios de otros países. Uno de ellos, al que llamamos Chebi, volvió desde Buenos Aires en sus vacaciones solo para darnos un taller de improvisación. Eso no tiene precio.
Hoy la D Jazz Big Band es reconocida como la única Big Band estable de Cochabamba, con apariciones en televisión nacional y un público que cada vez es más joven, porque el jazz, cuando es honesto, encuentra a su gente sin importar la generación.
Lo que más me emociona no es el escenario. Es ver que lo que construimos con disciplina y carácter ha durado más de 14 años. Y que seguirá.